Trastorno explosivo intermitente

Un alto porcentaje de la población, a lo largo de su vida ha presenciado -en casa, en la escuela o en el ámbito laboral-, situaciones en las que un “pequeño” o adolescente se molesta de una forma desproporcionada; despertando a su famoso “monstruo interno”; y después simplemente atribuirlo a un “berrinche”, ”pataleta”, “capricho”, “rabieta” o a la “inadecuada educación” por parte de los responsables de éste/a.

Si bien es cierto, que todas las personas tenemos “días malos”, existe un trastorno caracterizado por estallidos de violencia repentinos, de duración breve; desencadenados por situaciones mínimamente frustrantes o estresantes, y que no se deben a la ingesta o abuso de alguna sustancia, de un trastorno mental concomitante o lesiones… éste es el Trastorno Explosivo Intermitente (TEI).

Según el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM-V), el TEI forma parte de los Trastornos del Control de Impulsos: “ya que existe dificultad para controlar los impulsos agresivos, dando lugar a violencia o a destrucción deliberada de la propiedad o asalto a otra persona”.

Aunque hasta la fecha se desconoce la causa del TEI, si un profesional de la salud realiza un interrogatorio exhaustivo a padres y/o responsables del menor, éste puede identificar la intervención multifactorial de tres elementos principales:

  • Ambientales: familias donde es común el abuso verbal o físico, sobre todo si se experimenta desde la edad temprana
  • Genéticos: aunque hasta el momento no se ha identificado con exactitud este aspecto, si hay una teoría que avala dicha influencia
  • Alteraciones fisiológicas: ya que se han encontrado altos niveles de serotonina (una sustancia química importante para el cerebro) en personas que presentan TEI

Ahora bien, aunque al inicio de este documento, se habló del dato clínico más característico, existen otros comportamientos que sugieren que un “pequeñito/a” o adolescente puede estar manifestado un cuadro clínico sugestivo del TEI tales como;

  • Los estallidos pueden presentarse continuamente, espaciarse durante meses o semanas
  • Se percibe continuamente a una persona irritable, enojada, impulsiva, con muy baja tolerancia a la frustración o agresiva
  • Los episodios “explosivos” pueden ir acompañados por; aumento de la energía, saña, pensamientos agresivos, temblores, palpitaciones, hormigueo, opresión en el pecho y/o sensación de presión en la cabeza.

Es importante que tanto profesionales de la educación, padres de familia o responsables de niños/as y adolescentes, estén cada vez más atentos ante situaciones violentas que ocurran frente a ellos, con el fin de advertir escenarios más graves como:

  1. La Autolesión (pues la violencia puede estar dirigida hacia sí mismo), sobre todo si ya existen antecedente de abuso de drogas u otro trastorno mental concomitante (como la depresión).Es de vital importancia la supervisión extrema del “menor” o adolescente para  prevenir suicidio.
  1. Una Baja autoestima por alteración en las relaciones interpersonales (con compañeros de escuela, del trabajo, miembros de la familia o su pareja), ya que sus habilidades sociales están “dañadas”, pues su apariencia física lo presenta como una persona que en todo momento está enojada.
  1. Enfrentarse a Problemas legales, ya que la alteración en el control de sus impulsos; los orilla a cometer delitos en propiedad ajena, lesiones, accidentes de tráfico, problemas financieros (aunque una vez cometidos, la persona reconozca que actúo indebidamente).

Finalmente, la importancia de este tipo de revisiones radica en hacer un diagnóstico oportuno y certero; en la derivación con profesionales de la salud, para ofrecer las diversas alternativas de tratamiento psicológico o farmacológico que existen hasta el momento; incluyendo programas de yoga, meditación, control de la ira, entre otras.

Recuerde…que el tratamiento nunca será completo si no existe el apoyo de la familia, los maestros, compañeros de la escuela o trabajo; para que el niño/a o adolescente haga conciencia de su padecimiento y se comprometa fielmente con un programa de autoconocimiento y autocontrol… independientemente sí decide o no la terapia psicológica o farmacológica.

No somos responsables de las emociones, pero sí de lo que hacemos con ellas

(Jorge Bucay)

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